
Ya ha pasado un día completo desde que terminara la final de la Copa de la UEFA de ayer. Todavía se me empañan los ojos cada vez que aparecen imágenes de todo lo sucedido durante estas últimas horas por la televisión. Es muy duro ver como tu equipo domina una final ante el que muchos consideran el mejor equipo de Europa. Nosotros, con 10 jugadores españoles, de los cuáles seis han sido formados en la cantera, fuímos capaces de borrar del campo durante más de una hora de juego a la nueva maravilla del fútbol europeo. Solo un suizo, tiene narices, vestido de árbitro podía cruzarse en nuestro camino hacia la gloria con la expulsión de Moisés, pero aún así, el equipo mantuvo la fe hasta el final y no bajó los brazos hasta el último segundo del partido. La historia parecía que estaba de nuestro lado por una vez, pero los penaltis volvieron a mostrar el lado más cruel y injusto del fútbol y el Sevilla se acabó llevando la copa.
Desde mi punto de vista, todos los pericos debemos estar orgullosos de lo que nuestros jugadores hicieron ayer. Todos, del primero al último, lo dieron todo sobre el terreno de juego, demostrando así su compromiso con los colores que visten y que han paseado con orgullo y de modo intachable por toda Europa. Este equipo sólo podía dejar escapar el título en los penaltis, sobre el terreno de juego nadie le ha podido ganar y eso es algo que quizas ahora no valoremos lo suficiente, pero con el tiempo nos daremos cuenta de que lo que vivimos en la noche de ayer ya es el capítulo más brillante de la historia de nuestro centenario club. Ahora, debemos saber aprovechar el momento y seguir creciendo año a año, ya que el futuro es nuestro. En dos años, a mucho tardar, estaremos en nuestro nuevo estadio. Ahora debemos saber mantener este grupo de jugadores que tantas alegrías nos dieron el año pasado, tantas alegrías nos han dado esta temporada y que tantas alegrías nos darán en un futuro muy cercano.
Por otro lado no quería dejar de mostrar mi solidaridad con todos aquellos que por culpa de un desalmado se quedaron sin viajar hasta Glasgow, entre los que tengo bastantes conocidos. Desde aquí les quiero hacer llegar un abrazo. ¡Animos, pericos!
